ACTIVIDAD
1. Realizar la respectiva lectura "Domingo siete".
2. Nombrar los personajes que aparecen en la lectura anterior.
3. Dibujar los personajes de la lectura "Domingo siete" y describir sus características.
4. Contestar las siguientes preguntas:
a. De los personajes de la lectura anterior el pobre ¿Que hacia los viernes?
b. ¿Qué le sucedió al pobre uno de los viernes cuando salio a realizar su actividad?
5. Completar las siguientes oraciones.
a. Detrás de una_________ se puso a curiosear: la sala estaba llena de que bailaban pegando brincos y cantaban a gritos esta canción:
b. ¿Qué canción cantaban?
6. ¿Qué hicieron las brujas con el pobre?
7. Quién era domingo siete?
8. ¿Qué paso con el rico?
9. Cambia la canción del cuento y escribe un nuevo cuento con la nueva canción.
Domingo siete.

Había una vez dos compadres jorobados, uno rico y otro pobre. El rico era muy mezquino. El pobre iba todos los viernes al monte a cortar leña para venderla.
Un viernes se extravió, y vio una casa iluminada, en un claro del bosque. Parecía que en ella había una gran fiesta. Se oían música, cantos y carcajadas.
Detrás de una puerta se puso a curiosear: la sala estaba llena de brujas que bailaban pegando brincos y cantaban a gritos esta canción:
Lunes y martes
y miércoles tres...
Pasaron las horas y las brujas no se cansaban.
Aburrido, el hombre se atrevió a cantar con su vocecita:
Jueves y viernes
y sábado seis
Gritos y brincos cesaron...
–¿Quién canta? –preguntaban unas.
–¿Quién ha mejorado nuestra canción? –decían otras.
–¡Qué cosa más linda! ¡Quien canta así merece un premio!
Se pusieron a buscar y dieron con el compadre pobre, que temblaba detrás de la puerta.
Unas lo levantaban, otras lo bajaban y besos por aquí y abrazos por allá. Una gritó:
–¡Le vamos a quitar la joroba!
Se la quitaron, luego sacaron sacos de oro y se los dieron por haberles completado su canto.
Él trajo su burro, cargó los sacos de oro y partió por donde las brujas le indicaron. Al alejarse las oía desgañitarse:
Lunes y martes
y miércoles tres;
jueves y viernes
y sábado seis
Sin dificultad llegó a su casita, donde su mujer y sus hijos lo esperaban temerosos de que le hubiera pasado algo.
El compadre pobre, que era un hombre que no mentía, contó su aventura al rico.
¡El rico volvió a su casa con una envidia!
Su mujer le aconsejó que fuera al monte a cortar leña:
Una noche estaban las brujas en lo mejor de su canto:
Lunes y martes
y miércoles tres
jueves y viernes
y sábado seis
Cuando la vocecilla del rico cantó, temblorosa:
y domingo siete...
¡Para qué lo hizo! Las brujas se pusieron furiosísimas a gritar:
–¿Quién es el atrevido que ha echado a perder nuestra canción?
–¿Quién es quien ha salido con ese domingo siete?
Encontraron al hombre y lo sacaron a jalonazos.
–Vas a ver lo que te va a pasar, jorobado –dijo una que salió corriendo. Volvió con la joroba del compadre pobre y ¡pan! la plantó en la nuca del infeliz. Al amanecer fue llegando a su casa con dos jorobas, dolorido y sin sus cinco mulas; por supuesto a la vieja se le regó la bilis de la envidia.
Un viernes se extravió, y vio una casa iluminada, en un claro del bosque. Parecía que en ella había una gran fiesta. Se oían música, cantos y carcajadas.
Detrás de una puerta se puso a curiosear: la sala estaba llena de brujas que bailaban pegando brincos y cantaban a gritos esta canción:
Lunes y martes
y miércoles tres...
Pasaron las horas y las brujas no se cansaban.
Aburrido, el hombre se atrevió a cantar con su vocecita:
Jueves y viernes
y sábado seis
Gritos y brincos cesaron...
–¿Quién canta? –preguntaban unas.
–¿Quién ha mejorado nuestra canción? –decían otras.
–¡Qué cosa más linda! ¡Quien canta así merece un premio!
Se pusieron a buscar y dieron con el compadre pobre, que temblaba detrás de la puerta.
Unas lo levantaban, otras lo bajaban y besos por aquí y abrazos por allá. Una gritó:
–¡Le vamos a quitar la joroba!
Se la quitaron, luego sacaron sacos de oro y se los dieron por haberles completado su canto.
Él trajo su burro, cargó los sacos de oro y partió por donde las brujas le indicaron. Al alejarse las oía desgañitarse:
Lunes y martes
y miércoles tres;
jueves y viernes
y sábado seis
Sin dificultad llegó a su casita, donde su mujer y sus hijos lo esperaban temerosos de que le hubiera pasado algo.
El compadre pobre, que era un hombre que no mentía, contó su aventura al rico.
¡El rico volvió a su casa con una envidia!
Su mujer le aconsejó que fuera al monte a cortar leña:
Una noche estaban las brujas en lo mejor de su canto:
Lunes y martes
y miércoles tres
jueves y viernes
y sábado seis
Cuando la vocecilla del rico cantó, temblorosa:
y domingo siete...
¡Para qué lo hizo! Las brujas se pusieron furiosísimas a gritar:
–¿Quién es el atrevido que ha echado a perder nuestra canción?
–¿Quién es quien ha salido con ese domingo siete?
Encontraron al hombre y lo sacaron a jalonazos.
–Vas a ver lo que te va a pasar, jorobado –dijo una que salió corriendo. Volvió con la joroba del compadre pobre y ¡pan! la plantó en la nuca del infeliz. Al amanecer fue llegando a su casa con dos jorobas, dolorido y sin sus cinco mulas; por supuesto a la vieja se le regó la bilis de la envidia.
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Marinés Medero, “Domingo siete” en De Maravillas y encantamientos. México, SEP, 1996.
Marinés Medero, “Domingo siete” en De Maravillas y encantamientos. México, SEP, 1996.
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